Qué significa «duende» en el flamenco
En el lenguaje común, «tener duende» significa tener un encanto o atractivo especial. En el flamenco, la expresión adquiere un sentido más intenso: señala una interpretación capaz de provocar una experiencia emocional extraordinaria.
La Real Academia Española recoge precisamente la expresión «tener duende» con el sentido de poseer encanto o atractivo. El uso flamenco parte de ese territorio semántico, pero lo lleva más lejos. Cuando un aficionado dice que un cantaor «tiene duende», no suele referirse a que sea simpático, elegante o carismático. Habla de una capacidad particular para hacer que el cante, el baile o el toque cobren una verdad que no parece reducible a la técnica.
El duende funciona por eso como un concepto de frontera. Sirve para nombrar algo que se percibe con claridad pero que resulta difícil de medir: la electricidad de un silencio bien colocado, la tensión de un tercio, una entrada inesperada, un remate que parece inevitable, una letra cantada como si acabara de ocurrir o un instante en el que escenario y público parecen respirar juntos.
No es necesario que la interpretación sea solemne. El duende puede aparecer en una seguiriya, pero también en unas bulerías. Puede ser oscuro, festivo, contenido, violento, íntimo o luminoso. Lo decisivo no es el estado de ánimo, sino la calidad de presencia con la que el artista convierte un lenguaje aprendido en una experiencia viva.