Antes del tablao: fiestas, ventas, salones y academias
El flamenco no nació dentro de un tipo concreto de local. Durante el siglo XIX, las formas que acabarían siendo reconocidas como flamencas se desarrollaron en contextos muy distintos: reuniones familiares, fiestas privadas, ventas, tabernas, salones de baile, academias y espectáculos teatrales.
En ciudades andaluzas como Sevilla, Cádiz, Jerez o Málaga existía ya un intenso mundo de bailes, músicas y espectáculos populares. La escuela bolera convivía con bailes considerados «del país», canciones andaluzas y formas de cante que poco a poco fueron adquiriendo una identidad flamenca más definida.
El paso decisivo fue que esas prácticas empezaron a salir de ámbitos ocasionales y a entrar en una industria urbana del entretenimiento. El artista ya no dependía únicamente de que alguien organizara una fiesta: podía ser contratado, anunciado en prensa y presentado regularmente ante un público.
Los cafés cantantes: el gran antecedente del tablao
Durante la segunda mitad del siglo XIX se extendieron por España los cafés cantantes, establecimientos en los que el consumo de bebidas se combinaba con actuaciones. No todos eran exclusivamente flamencos, pero en Andalucía y Madrid algunos terminaron convirtiéndose en centros fundamentales para el cante, el baile y la guitarra.
El Instituto Andaluz del Flamenco recoge la cronología clásica de José Blas Vega, que sitúa la gran época de los cafés cantantes aproximadamente entre 1847 y 1920. En ellos se consolidó el profesionalismo, aumentó el número de intérpretes, se desarrollaron escuelas personales de cante y la guitarra adquirió un papel cada vez más definido como acompañamiento esencial.
También apareció una estructura de trabajo que resulta sorprendentemente familiar para quien conoce un tablao actual: empresarios, horarios, elencos, artistas invitados, cuadros de baile, salarios, rivalidad entre locales y un público capaz de seguir a sus intérpretes favoritos.
En Sevilla, nombres como Silverio Franconetti y Manuel Ojeda «El Burrero» simbolizan esa transformación. Silverio fue artista y empresario, y su figura está estrechamente asociada a la idea de organizar el flamenco como un espectáculo profesional con una programación reconocible.
Si quieres profundizar en esta etapa, hemos reconstruido por separado la historia de los cafés cantantes de Sevilla, con sus locales, artistas, fotografías y cronologías.