De dónde viene la costumbre del fin de fiesta
No existe una fecha concreta ni un creador al que pueda atribuirse la invención del fin de fiesta flamenco.
El propio nombre fin de fiesta pertenece al lenguaje escénico general y se ha utilizado históricamente para designar números o piezas colocados al final de una función. Dentro del flamenco, el término adquirió un sentido específico: el remate colectivo de la actuación.
Su lógica conecta muy bien con una dimensión antigua del flamenco: la fiesta y la reunión. Antes y después de su profesionalización, el flamenco no ha sido únicamente una sucesión de piezas interpretadas de cara a un público silencioso. En reuniones familiares, juergas, ventas, patios, peñas y otros contextos, cantar, tocar, bailar, palmear y jalear podían formar parte de una misma situación compartida.
Cuando el flamenco se convierte en espectáculo profesional, esa lógica colectiva puede trasladarse al escenario y convertirse en cierre. El fin de fiesta permite que el público vea, durante unos minutos, una versión más cercana a la interacción festera entre artistas que a un número individual completamente cerrado.
Por eso resulta más prudente hablar de una tradición escénica desarrollada a partir de prácticas colectivas del flamenco que buscar una supuesta primera noche en la que alguien «inventó» el fin de fiesta.